Migración interna: Los casos de Puerto Varas, Coyhaique y norte del país

Tendencias como las experimentadas en Puerto Varas, pueden servir para anticipar el fenómeno en otras ciudades.
La migración interna está cambiando el mapa urbano de Chile. Hoy, distintas ciudades y comunas están recibiendo población por razones muy diversas: bienestar, búsqueda de mejores oportunidades, presión habitacional o limitaciones estructurales. Sin embargo, el problema no es solo cuánto crecen esos territorios, sino qué tan preparados están para enfrentar ese crecimiento.
Como advirtió Martín Andrade, director ejecutivo de Corporación Ciudades en una nueva columna de urbanismo en Tele13n Radio, se trata de un fenómeno “más silencioso, pero que va generando poco a poco tensiones en las ciudades”.
En la conversación con Ramón Ulloa, Martín planteó que la migración interna puede responder a varios motivos. “Se produce por una cierta crisis, pero también por el éxito de algunas ciudades”, es decir, por territorios que se vuelven atractivos por su calidad de vida, su escala o sus atributos ambientales. En ambos casos, enfatizó que “hay que estar muy alerta y ver esto como una oportunidad de ver cómo mejoramos la gestión y la planificación urbana”.
Ese diagnóstico se observa en ciudades como Puerto Varas y Alto Hospicio, mientras que otras como Coyhaique evidencian una tendencia de futuro crecimiento. Explicó que en Puerto Varas, la llegada de nuevos habitantes responde a una migración por bienestar, asociada a mejor entorno, menor congestión y mejor percepción de vida cotidiana. De esa forma, ese atractivo también empieza a tensionar la ciudad al subir el valor del suelo y el aumento de presión sobre los servicios.
Coyhaique, a su vez, representa otra expresión del mismo fenómeno. Si bien en la capital de Aysén no necesariamente existe un boom explosivo de población, sí es una ciudad con capacidad instalada limitada, donde pequeños aumentos producen impactos significativos. Aquí, explicó Martín, la presión no se explica solo por cuánta gente llega, sino por cuánto puede absorber la ciudad sin deteriorar su funcionamiento. “Coyhaique está siguiendo el mismo patrón, porque cuando no hay oportunidades suficientes al interior de la ciudad, comienzan procesos como parcelaciones o expansión desregulada”, afirmó.
En el norte, en tanto, Alto Hospicio y Antofagasta muestran una tercera cara de la migración interna: el crecimiento sin acceso suficiente a ciudad formal. Allí, la presión urbana no solo tensiona la ciudad, sino que muchas veces la desborda hacia la informalidad. Alto Hospicio pasó de 108.375 a 142.086 habitantes entre 2017 y 2024, mientras Antofagasta sumó más de 39 mil personas en el mismo periodo. En paralelo, la expansión de campamentos y el déficit habitacional evidencian que el sistema urbano no está absorbiendo adecuadamente la demanda.
En esa línea, Martín indicó que el debate no debe centrarse en frenar la movilidad de las personas, sino en preparar mejor a las ciudades. “Es muy bueno que gente se vaya a vivir a otras ciudades, se desarrolle en otras ciudades, descomprimamos las grandes ciudades”, planteó junto con señalar que la clave es hacerlo de la mejor manera “y eso tiene que ser con una planificación urbana como corresponde”.
A finalizar, el director ejecutivo de Corporación Ciudades que es fundamental que “la ciudad llegue antes que las personas”, anticipando el crecimiento con vivienda, conectividad, equipamientos, servicios, gobernanza e inversión alineada con la nueva realidad territorial.


