Oportunidades y desafíos de las zonas turísticas de Chile en verano

En una nueva columna en Tele13 Radio, Martín Andrade destacó la importancia de una correcta planificación urbana en ciudades y comunas con alto flujo de turistas.
El periodo estival se ha consolidado como la temporada de mayor intensidad turística en Chile. Durante el verano 2024-2025, el país superó los 2,1 millones de turistas internacionales, concentrando una alta demanda en ciudades y comunas costeras y de naturaleza. “Chile es un país excepcional para el turismo, con una diversidad única de paisajes, patrimonio y experiencias, pero ese reconocimiento también genera una tremenda tensión en muchas de nuestras ciudades”, afirmó Martín Andrade, director ejecutivo de Corporación Ciudades.
Para el verano 2026, las proyecciones anticipan la llegada de más de 2,5 millones de visitantes, reforzando el posicionamiento de Chile como destino global, pero también profundizando tensiones urbanas que requieren una mirada estratégica de planificación territorial.
Martín explicó en Doble Click que ciudades como Viña del Mar, La Serena-Coquimbo, Pucón y Puerto Varas, enfrentan cada verano un aumento significativo de población flotante, que en algunos casos multiplica entre dos y seis veces su población residente, impactando directamente en la calidad de vida urbana, especialmente en comunas intermedias que no siempre cuentan con infraestructura preparada para soportar esta estacionalidad. “En destinos como Pucón, durante el verano la población puede llegar a multiplicarse hasta seis veces, lo que tensiona la infraestructura urbana, vial y ambiental en pocas semanas”, afirmó.
En tal sentido, advirtió que el desafío está en una mejor gestión del turismo. “Este sector representa cerca del 3,5% del PIB y genera más de 600 mil empleos. La clave está en cómo equilibramos el desarrollo económico local con la calidad de vida de quienes habitan permanentemente estos territorios”, señaló.
El arquitecto valoró avances como la Estrategia Nacional de Turismo Sostenible, que incorpora herramientas como la diversificación de la oferta, planes especiales de movilidad, uso de tecnología para anticipar demandas de servicios y la discusión sobre un índice de saturación urbana, que permita monitorear cuándo una ciudad comienza a operar al límite de su capacidad. “No se trata solo de pedir paciencia a la ciudadanía, sino de anticipar los impactos, fortalecer la infraestructura y cuidar el patrimonio natural y cultural que hace atractivo a estos lugares”.


