Columna El País: “La ciudad antes de la emergencia”

Las lluvias intensas ya no son hechos aislados, sino parte de un escenario climático que exige planificación, inversión y adaptación urbana.
Aunque en el largo plazo las precipitaciones disminuyan, hoy el cambio climático ya significa lluvias más intensas y concentradas en distintas regiones del planeta. Esta aparente paradoja -advertida tantas veces por expertos mundiales- puede provocar que el agua desborde en pocas horas la infraestructura que se desafía ante las características del territorio.
¿Qué tan resilientes son nuestras ciudades ante esta nueva realidad?
El mapeo de 1.275 puntos críticos en la Región Metropolitana de Santiago levantados por el organismo que vela en Chile por la coordinación, prevención, preparación y la respuesta ante emergencias y desastres -Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred)- y la evaluación post lluvias para analizar el comportamiento real de cada uno ellos, permitirán responder parte de esta interrogante, al menos en la capital. Las imágenes que ya han dejado los últimos temporales anticipan parte de esa eventual revisión, que al menos en la capital ha significado un mejor desempeño que emergencias climáticas anteriores.
Un cruce rápido de datos permite concluir que en Santiago uno de cada cinco habitantes vive a menos de 100 metros de algún punto crítico, que el 4% de los centros de salud primaria están cercanos a ellos, o que 85.000 escolares y parvularios asisten a establecimientos educacionales en zonas susceptibles de anegarse por lluvias. Obviamente es complejo y caro desplazar infraestructura ya existente, pero la nueva realidad climática y la disponibilidad de muchos más datos que antaño nos obliga a usar la inteligencia territorial para recopilar, integrar y analizar información sobre los territorios, focalizar esfuerzos de prevención y revisar donde debiésemos intencionar soluciones basadas en la naturaleza para gestionar mejor el agua.
Si usáramos esta inteligencia territorial en coordinación con la musculatura del Estado, y siguiendo con el cruce rápido de datos de la Región Metropolitana, se podría orientar por ejemplo al Ministerio de Salud para que pusiera especial atención en la comuna de Independencia, donde el 20% de sus centros de salud están a menos de 100 metros de un punto crítico, o bien que el Ministerio de Educación haga el mismo ejercicio con la comuna de La Cisterna, donde uno de cada cinco establecimientos educacionales se encuentra en zonas susceptibles de resultar más afectadas por lluvias intensas. Un trabajo similar probablemente al que ya se realiza desde el Gobierno Regional Metropolitano, que tiene toda la información disponible para saber, antes de que ocurran los eventos, que más del 40% de la población de La Cisterna, Recoleta y Renca reside a menos de 100 metros de un punto crítico.
Las lluvias intensas ya no son hechos aislados, sino parte de un escenario climático que exige planificación, inversión y adaptación urbana. El desafío es avanzar desde respuestas reactivas hacia estrategias permanentes de resiliencia y adaptación de inversiones priorizadas según evidencia. Desde esa óptica, los datos levantados desde Senapred u otros organismos pueden ser de gran utilidad si los vemos como instrumentos que nos permitan tomar mejores decisiones ante la emergencia y luego en la jerarquización de iniciativas, siempre conscientes de que el riesgo no se distribuye de manera homogénea, como tampoco son parejas las capacidades para responder desde las distintas comunas. Además, las diferencias en cobertura vegetal, pendientes, índice de humedad topográfica, altura sobre cauces cercanos, distancia a cursos de agua, vegetación o urbanización, también impactan en ese mapeo de susceptibilidad territorial al que se puede acudir para orientar decisiones.
¿Debemos priorizar los lugares donde se concentran más habitantes? ¿Aquellos donde viven más niños y personas mayores? ¿Los sectores donde una inundación puede interrumpir escuelas, centros de salud o ejes de transporte? ¿O los barrios donde coinciden vulnerabilidad social, déficit urbano y exposición ambiental? La definición política basada en datos y evidencia es el mejor aporte que puede hacer la inteligencia territorial, para planificar mejor la ciudad antes de la emergencia.


